Un libro y un consuelo

Mi vida amorosa ha sido un verdadero fastidio, nunca se me dan las cosas como me gustaría. He tenido que aprender a vivir sosteniendo la mano del dolor y el rechazo. No entiendo qué sucede, quizá sea que estoy embrujado, quizá no soy lo suficientemente bueno para las personas o simplemente me he fijado en las personas equivocadas. Ante tanta desazón en mi vida, me refugió en los libros. Las historias románticas, el suspenso, el terror o la ciencia ficción son mi refugio, mi consuelo.

Mientras viajaba en uno de los vuelos Volaris rumbo a unas merecidas vacaciones, leía ‘The Moment’ de Douglas Kennedy, o ‘El momento en que todo cambió’, como fue titulado en español. Ahí encontré una conversación que me tocó las fibras más sensibles del alma y quiero compartírselas:

-La quiere, ¿no?

-¿Tan evidente es?

-Tiene suerte de sentir algo así. Yo no lo he sentido nunca. Ni una sola vez.

-¿Está soltero?

-No, casado desde hace veinticinco años con la misma mujer. Por eso lo envidio.

-¿Y si no sale bien?

-Al menos sabrá lo que es sentir eso.

Esta fue la conversación entre el protagonista enamorado de una enigmática mujer y un camarero. Una ráfaga de sentimientos encontrados inundó mi ser. El primero fue odio hacia al camarero, pues teniendo a alguien en su vida, jamás ha experimentado lo que es el verdadero amor. ¿Por qué se casó? No lo sé, quizá lo obligaron o simplemente temió estar solo por el resto de su vida. Esto me llevó a sentir pena por él, pues de seguir su vida como la ha llevado hasta ese momento, siempre será infeliz, nunca habrá emoción y lo peor, nunca sentirá las emociones que provoca el estar enamorado, todas las reacciones físicas y sentimentales quedarán descartadas por el resto de su existencia.

La siguiente pregunta que me hice fue si realmente bastaba con saber lo que es estar profundamente enamorado, no importa si eres rechazado o aceptado, ¿experimentar ese sentimiento debe dejarte satisfecho? Dudo que sea un gran consuelo, pues por más veces que te enamores, si al final no estás con la persona indicada o si la encuentra y ésta simplemente no te corresponde, el miedo a estar solo y morir así te seguirá y atormentará.

En la conversación podemos identificar uno de los mayores problemas al momento de actuar, que es el miedo a la respuesta. En ocasiones tememos conocer la contestación de la otra persona, pues nuestra mente siempre se imaginará lo peor, nos dirá que estemos preparados para el rechazo, quizá es una gran estrategia, ya que de recibir una respuesta afirmativa, nos causará aún más alegría que si ya estuviéramos seguros que nos va a aceptar y luego nos lo confirma. Pero también está la contraparte, cuando estamos cien por ciento seguros que nos aceptará, pero a la hora de la verdad, nos rechazan. Es un golpe certero al corazón, que derrumba al alma y la deja noqueada en la lona, el conteo llega a diez, puede llegar a veinte y no se levantará.