Risa en Vacaciones

Así fueron mis vacaciones, como el título de la película humorística mexicana. Si pudiera ser un personaje de comedia hubiera sido Mr. Bean, Charles Chaplin o El Chavo del 8. Todo me salió mal, incluso un día no había paso que diera sin que algo ocurriera. Ya no sabía si reír o llorar, fui la burla de mis amigos, de las personas que me veían cometer mis atropellos y no dudo que algún video mío esté en YouTube con la palabra FAIL así, en mayúsculas y bien resaltada.

La zona cero fue uno de los hoteles en Acapulco, ahí comenzó mi carrera como comediante. Desde que entré a mi habitación inició lo malo. Al desempacar decidí irme a bañar para estar fresco y salir a la playa o a la alberca del hotel con los amigos. Mi compañero de cuarto me apuraba, él sólo se puso el traje de baño y ya estaba listo. Yo me fui al baño, me desvestí y me metí a la regadera, justo cuando me estaba enjabonando una cucaracha salió de la alcantarilla, pero eso no fue lo peor, sino cuando abrió sus malditas alas e intentó volar. Solté un grito agudo y al salir de la regadera me golpeé el rostro con un mueble, dejándome un pequeño moretón entre el ojo y la frente. Mi amigo corrió a ver lo que estaba pasando y cuando le conté sólo se burló y fue a contarle al resto del grupo cómo grité como niña. Tuvieron para molestarme un buen rato.

Creo que esa cucaracha estaba impregnada de la maldición de una de las brujas de alguna isla acapulqueña, como si una nube negra estuviera siempre sobre mi cabeza. Cuando llegamos a la playa la vista era impresionante y corrimos al mar, donde la mala suerte me esperaba con los brazos abiertos. Mi primer chapuzón y perdí mi traje de baño. Sí, sólo salté en forma de clavado cuando me adentré un poquito en el agua y cuando entré por una ola, mi short decidió que era momento de abandonarme. Lo encontré en la orilla, atascado en la arena, lo que significaba que tendría que salir por él, desnudo. ¿Pedírselo a mis amigos? ¡Ni loco! Hubiera sido mucho peor. Respiré hondo, me armé de valor y cubriéndome mis partes nobles salí al rescate de mi traje de baño. Un amigo me vio, algunas señoras, unas jovencitas, hombres, muchos me vieron. Se rieron, muy pocas se avergonzaron pero creo que no vi ningún celular que hubiera captado ese momento, por un momento me sentí como Flash.

El día continuó su marcha, tropecé un par de veces, tiré una cerveza encima de mí y de lo más doloroso, físicamente claro, fue cuando renté una tabla de surf, bueno, de las que son como de unicel o algo así. Como todo un profesional me adentré a las olas panza abajo y de pronto una me atrapó, me revolcó y me llevó directito a un tubo que estaba cerca de la orilla, golpeando fuertemente mi entrepierna. Moretón del tamaño del mundo en mi muslo.

Tanta desgracia y tanta risa al mismo tiempo fue demasiado para un día que terminó quedándome afuera de mi cuarto porque mi compañero de habitación se había ligado una canadiense y estaban dándolo vuelo a la hilacha.