Casi pierdo el anillo en la playa

Las vacaciones pueden llegar a provocarte más estrés que la mismísima Ciudad de México. ¡A veces! Déjenme contarles mi experiencia. Hace un par de semanas fui con mi novia a las hermosas playas de Baja California con la intención de pedirle matrimonio frente al mar, para que sea nuestro testigo de honor. Así que todo estaba más que planeado, nada podía salir mal. Pero como dice el dicho: Uno propone, Dios dispone y llega el Diablo y lo descompone. Después de dos días inolvidables era hora de cerrar el fin de semana con broche de oro, así que en plena puesta del sol fuimos a la orilla del mar, donde me arrodillé y la pesadilla comenzó.

Cuando me hinqué para hacerle la gran pregunta frente al inmenso océano y a un sol que ya era más naranja, una tremenda hola me golpeó y me derribó, lo que provocó que soltara el anillo de compromiso. Comencé a buscarlo como loco en el mar, incluso me lancé a las profundidades para ver si lo encontraba, pero no fue así. Las lágrimas se me salieron, pues era el momento más importante de mi vida y lo había arruinado, además que había perdido un costoso anillo. Todo estaba mal. Mi novia dijo que aceptaba ser mi esposa y que no le importaba si no le daba un anillo, que quería estar conmigo hasta que la muerte nos separe.

Después de que nos diéramos un gran beso y nos fundiéramos en un abrazo, nos dirigimos a nuestra habitación y al ir caminando sentí como si una piedra se me enterrara en el pie descalzo, así que me agaché para ver lo que me había lastimado y para mi sorpresa era el anillo. La felicidad volvió a mi cuerpo y pude pedirle a mi novia que fuera mi esposa.